Bajar el cortisol
El cortisol es una hormona esteroide producida por las glándulas suprarrenales y es el principal glucocorticoide del organismo. Conocido sobre todo por su papel en la respuesta al estrés, el cortisol aumenta para activar la gluconeogénesis (producción de glucosa), la lipólisis (liberación de ácidos grasos) y la glucogenólisis (descomposición del glucógeno), proporcionando energía rápida en situaciones de amenaza. Junto con otras hormonas, también participa en la formación de recuerdos vinculados al estrés y al trauma.
Más allá del estrés, el cortisol regula los ritmos circadianos, alcanzando su pico por la mañana para favorecer el estado de alerta y disminuyendo hacia la noche. Las alteraciones, como niveles elevados de cortisol al anochecer, se asocian con insomnio, mientras que un patrón diario aplanado está relacionado con diversos problemas de salud.
El cortisol también posee propiedades antiinflamatorias y se utiliza médicamente en formas como la hidrocortisona. Sin embargo, la supresión crónica de la inflamación puede debilitar el sistema inmune, lo que explicaría por qué el estrés prolongado aumenta la susceptibilidad a enfermedades.
La mayor parte del cortisol circula unido a globulinas transportadoras, manteniéndolo inactivo hasta ser liberado. Por ello, lo relevante es la fracción libre o no unida, similar a lo que ocurre con la testosterona. El cortisol tiene además una forma menos activa: la cortisona.
Las pruebas suelen medir cortisol en suero o saliva, pero solo reflejan variaciones a corto plazo. Para estimar niveles a largo plazo, se recomienda tomar muestras en varios días, hacer monitoreo continuo o usar métodos alternativos como el análisis de cortisol en cabello.

